21 mayo 2014

51º SEMANA LITEL PIPOL

El domingo fue uno de esos días en los que te levantas con unos planes y de repente surge algo que te los modifica, haciéndolo más divertido de lo que en principio pintaba. Me encantan estos días. 
Yo me había organizado para para pasar todo el día en la finca con los peques y así dejar al papi en casa estudiando. Allí me siento un poco libre, ellos disfrutan y mi padre se siente feliz teniéndonos alrededor. Pero antes de marchar, mi vecina nos invitó a pasar la tarde en la finca familiar "Cabeza la Vaca" o como dice Amadeo "Los Hornos". Había un tentadero de vacas y ella sabe que me gusta y que disfruto practicando un tipo de foto al que no estoy muy acostumbrada. Sin dudar dije que si. No hay nada mejor como salir de la rutina, dar nuevas experiencias a los peques y encima rodeados de amiguitos: PLAN PERFECTO. 

Así que después de una larga siesta de Pablo y de que ambos merenderan, nos fuimos para allá. Como Álvaro se había negado a dormir siesta se quedó dormido en el coche y fue perfecto porque me dejó un ratito para poder hacer algunas fotos:






Álvaro se despertó con energía y buen humor. Se emocionó al ver que estaba rodeado de animales, que tanto le gustan. Su hermano se prestó voluntario para enseñarle el caballo y él se dejó guiar.






Amadeo y Jorge tambien se apuntaron a enseñárselo, acompañado de las oportunas explicaciones acerca del caballo y sus aventuras.

Pero él no se mostró muy interesado y abadonó.


A ellos no le importó demasiado, siguieron con su juego y se metieron en el recinto donde estaba el caballo. Allí aproveché para pedirles un posado, pero como veis no estaban muy participativos.


Álvaro prefirió un acompañante de juegos a su medida, Cayetano.


Juntos decidieron ir a la plaza de toros.


Era la primera vez  que veía algo así. Estaba tan alucinado que ni parpadeaba jajaja. Entenderéis que no dejara de disparar.








Yo diría que le gustó mucho, por lo menos su cara lo refleja.



El caballo, la vaca, el torero... no le quitaba ojo a ningun detalle.



La foto elegida no podía ser otra que una en la que se reflejara su cara el asombro. Ya os he dicho 1000 veces, aquí va la 1001, que es para mi un tesoro guardar los primeros momentos, de cualquier situación, en fotos.


Pablo estuvo un ratito con nosotros, pero enseguida se fue con sus amigos. La siguiente foto fue realizada justo antes de reñirle por el ruido que estaban haciendo. Durante la tienta no se puede hablar en voz alta y tampoco moverse, cosa dificil para ellos.



Finalizó la tarde con un maravilloso atardecer que no quise dejar de fotografiar.
Aprovecho la ocasión para darle las gracias a la familia Hornos por su invitación y su generosidad.




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